
Mi obra surge del propósito de ofrecer un medio para ampliar la conciencia humana a través del arte. Cada pieza forma parte de un mapa matemático de transformación interior, estructurado bajo los principios de la geometría sagrada y la ciencia meditativa.
El eje de mi investigación busca integrar los conocimientos más antiguos de la humanidad —desde las primeras dinastías egipcias hasta la tradición hermética— con los fundamentos contemporáneos de la física y las matemáticas avanzadas. De esta convergencia emerge una experiencia estética que actúa como un sistema de activación energética y cognitiva.
Trabajo con proporciones, secuencias y campos geométricos que evocan los patrones fundamentales del organismo humano. El corazón, el cerebro, el aparato digestivo y el sistema reproductor son abordados como nodos energéticos capaces de reconfigurarse mediante la observación, la meditación, la vibración de los materiales y la contemplación dirigida.
Cada obra funciona como un portal que invita al espectador a percibir la coherencia que subyace más allá de toda creencia particular. En esa interacción, la geometría se convierte en un lenguaje de reconocimiento interior, y el arte, en una ciencia que estimula la expansión de la conciencia.
Identidad
Con el paso del tiempo he llegado a una convicción que está por encima de cualquier disciplina, incluso por encima de mi propia obra pictórica: cuando uno estudia la profundidad de las cosas, descubre que todas comparten una misma naturaleza. Todo lo que existe posee una dimensión de arte y una dimensión de ciencia. No como opuestos, sino como dos expresiones de un mismo orden.
Cuando una ciencia es correcta, cuando está verdaderamente alineada con la naturaleza, se vuelve arte.
Y cuando un arte es correcto, cuando no es arbitrario ni caprichoso, se convierte en ciencia.
Esa idea ha guiado mi forma de mirar el mundo desde muy temprano. A los nueve años, uno de los primeros grandes pensadores que marcó profundamente mi manera de comprender la realidad fue Leonardo da Vinci. En él descubrí algo que no había visto antes: la posibilidad de que la precisión, la observación y la sensibilidad convivieran en un mismo acto creador. Una frase suya quedó grabada en mí y, con los años, entendí que no era una reflexión aislada, sino una declaración de principios:
“Estudia la ciencia del arte. Estudia el arte de la ciencia. Desarrolla tus sentidos —especialmente aprende a ver. Date cuenta de que todo está conectado con todo lo demás.”
— Leonardo da Vinci
“Estudia la ciencia del arte. Estudia el arte de la ciencia. Desarrolla tus sentidos —especialmente aprende a ver. Date cuenta de que todo está conectado con todo lo demás.”— Leonardo da Vinci
Aprender a ver. No solo a mirar.
A ver estructura donde otros ven forma.
A ver relación donde otros ven fragmentos.
Mi trabajo nace de esa misma necesidad: observar el cuerpo humano, la conciencia y la vida no como elementos separados, sino como un sistema integrado, regido por orden, proporción y armonía. La anatomía, la geometría y la estética no aparecen en mi obra como símbolos ni como decoraciones, sino como lenguajes que revelan una coherencia interna del ser humano, desde lo más físico —la salud, el organismo, la estructura— hasta lo más sutil —la introspección, la conciencia, la experiencia interior.
Más adelante, otro hombre profundamente influyente en mi forma de pensar fue Albert Einstein. En él encontré la confirmación de algo esencial: que el rigor no elimina el misterio, y que el verdadero conocimiento no nace de la certeza absoluta, sino de la capacidad de habitar lo desconocido. Una de sus reflexiones me acompaña hasta hoy:
“La cosa más hermosa que podemos experimentar es el misterio; es la fuente de todo arte y toda ciencia verdadera.”
— Albert Einstein
Ese misterio no es confusión.
Es profundidad. En el fondo, lo que persigo es algo más esencial: hacer visible que todo está conectado, y que la ciencia verdadera no está separada de la belleza ni de la armonía, sino que nace de ellas. Cuando el orden se expresa con claridad, se vuelve bello; y cuando la belleza es coherente, revela una inteligencia profunda. Mis obras intentan situarse en ese punto donde conocer y contemplar dejan de ser actos distintos.