
El trabajo de Mikael Luxor se desarrolla en el punto de convergencia entre el arte, la ciencia y la conciencia. Su investigación parte de la premisa de que toda forma visible responde a una estructura matemática subyacente y que comprenderla —a través de la geometría sagrada y la observación meditativa— permite acceder a estados de mayor coherencia energética y cognitiva.
A través de su obra pictórica y experimental, Luxor propone una reformulación del arte como instrumento científico de exploración de la realidad expandida. Sus composiciones se fundamentan en principios geométricos que reflejan los patrones universales presentes en la naturaleza, el cuerpo humano y los campos de energía que lo rodean.
Cada obra constituye un laboratorio visual en el que confluyen la proporción, la vibración y la resonancia como lenguajes de un orden superior. Esta integración entre precisión matemática y contemplación interior ofrece al espectador una experiencia perceptiva capaz de reorganizar su propio sistema biológico y emocional.
En su conjunto, la obra de Mikael Luxor no busca representar el mundo, sino revelar las leyes invisibles que lo sostienen. Desde esta visión, el arte se convierte en una vía de expansión de la conciencia y en una ciencia aplicada al conocimiento del ser.